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BORONDÓN NO ES ISLA DE SANTOS

En el año de nuestro señor de mil y quinientos, Pedro Hernández Cabrón, esclavista y pirata que participó en la conquista de la Gran Canaria, trae a la isla de Tenerife un lujo raro: Se trata de dos esclavos berberiscos versados en la prosa y el canto. Tan cruel era el tal Cabrón que a él se le atribuye el comienzo de la palabrota. Todas las islas están conquistadas ¿Todas? No. Aún queda la joya del archipiélago. Quien la posea tendrá la llave del comercio entre Europa, América y África. por ella pugnan entre otros el propio Adelantado y don Cristóbal de Ponte, Señor de Adeje. Muchos la han visto, incluso hay quien asegura que ha pisado sus playas, pero para preparar una expedición son necesarios dineros y sobre todo un buen piloto de navío experto. El reto es claro, ¡Encontrar la isla de San Borondón! Mientras, arriba a la isla la espedición de Fernando de Magallanes con Juan Sebastián el Cano como contramaestre de “La Concepción”. También buscan un piloto de navío, pero no hay muchos.